" Socialismo é o nome político do Amor" (Frei Betto)
Domingo, dia 25 de janeiro, estarei embarcando para Cuba. É a primeira viagem que faço para a ilha revolucionária do Caribe e a expectativa é de apreender a dinâmica de uma sociedade estruturada em outras bases, e a partir dela ampliar a avaliação sobre o que acontece no mundo hoje, qual a perspectiva da Revolução Cubana e quais os caminhos que devemos começar a trilhar para a revolução em outros países. Clarear a situação vivida pela esquerda no mundo, pois a realidade se diversifica e muitas vezes, a esquerda, se exclui da luta refugiando-se em velhos dogmas, ou se ajusta a institucionalidade capitalista, ou ainda, não enxerga sua dinâmica.
Novas e ricas experiências têm surgido no mundo, como o Exercito Zapatista de Libertação Nacional - EZLN, no México; na Venezuela, com Chávez; na Bolívia, com Evo Morales; no Equador, com Rafael Correa. Experiência como a da Bolívia é hoje, a meu ver, o laboratório da luta revolucionária no mundo pela sua diversidade em relação a sua sociabilidade coletiva. A dificuldade do capitalismo em ser hegemônico naquele país, resgata sua identidade e não nega os avanços da tecnologia,. É uma sociedade que quer combinar a tecnologia e a produtividade pelo usufruto coletivo. Não pela relação de troca, mas pela necessidade da sociedade de preservar a cultura e o meio ambiente, construindo uma sociedade que se despe do egoísmo e da alienação; desenvolvendo a magnífica capacidade criadora do ser humano.
Cuba é o coração vivo da Revolução permanente. Resistiu às vicissitudes que advieram pelo fim do bloco do socialismo real no leste europeu. Continua resistindo ao bloqueio e aos ataques terroristas do império norte-americano. Essa perícia, dignidade e rebeldia fazem de Cuba uma nação em luta continua para manter os ideais revolucionários e avançar em suas conquistas diante do mundo. Cuba é o exemplo de soberania, convicção e tem autoestima que lhe garantem o morla alto para continuar no caminho escolhido. Sabe que, embora as dificuldades, conseguirá triunfar diante de todas as ameaças e ações destrutivas dos capitalistas. Enxergamos a sociedade cubana como aquela que se empenha, dia-a-dia, por justiça social. Dentro dessa postura extrapola suas divisas pelo seu internacionalismo, e pela sua solidariedade para com outros povos.
Neste momento, estou despedindo-me de todos vocês e, dentro do tempo disponível, estarei atualizando o blog diretamente de Cuba. Ao mesmo tempo, estarei escrevendo e priorizando um diário sobre as experiências vividas na ilha revolucionária.
E, para finalizar, expresso a honra que sinto em participar da XVI BRIGADA SUL-AMERICANA DE SOLIDARIEDADE A CUBA – ANO 50 DA REVOLUÇÃO-, na qual o trabalho voluntário como dizia o Cmte. Che Guevara é uma atitude genuína dos comunistas. Entrego-me, com fervor e alegria, nesta missão. Deixo claro que não medirei esforços na realização deste intento.
Dedico esta "Passagem à Ilha Revolucionária" a minha mulher Maristela, aos 25 anos do MST - Movimento dos Trabalhadores Sem Terra do Brasil, aos Camarada José Ernesto Grisa, João Pedro Fernandes e, em especial, ao Cmte. Fidel Castro Ruz.
El otro asunto que cabe destacar preliminarmente es el del sustento de la solución política encontrada para la fi nanciación de ese patrón de desarrollo capitalista. Como se dice hoy en día, los “costos” deberían ser descargados en los agentes directos o indirectos, centrales o marginales, de las formas de producción y de trabajo preexistentes. Los economistas usan un lenguaje ambiguo: hablan de “modelo agrario-exportador”, y con ello dejan en penumbras la expoliación real llevada a cabo de modo desigual por los agentes del capital mercantil interno (del campo y de la ciudad) y externo. Ese modelo sería impracticable si los costos operativos fueran, de hecho, fi jados por los “mecanismos del mercado”. Quienes entraban en el mercado y tenían el privilegio de llamarse agentes productivos también tenían el privilegio económico, social y político de excluir a los verdaderos agentes de la producción (esclavos, libertos, trabajadores semilibres) del propio mercado. Como diría Max Weber, éstos no pasaban por el mercado, y por lo tanto no se clasifi caban a partir del mismoni contaban, en consecuencia, social ni políticamente. El “cálculo económico racional”, intrínseco a esa mentalidad capitalista, forjaba una expoliación global equivalente a la expoliación colonial y fundada en formas de propiedad coloniales que sólo serían abolidas legalmente en forma renuente y socialmente encontrarían una continuidad infinita (aunque en algunos países el proceso haya sido relativamente rápido, por lo menos en el plano legal). Los ritmos más veloces acabaron dependiendo de la expansión y de la vitalidad del mercado, por lo menos en lo que respecta a ciertas ciudades más importantes, productoras de satélites (como el célebre caso de Buenos Aires), pero sin afectar el doble carácter del nuevo patrón emergente y en consolidación de desarrollo económico: subordinado a los centros estratégicos de la economía mundial y prácticamente extorsivo en cuanto a la masa de la población pobre y trabajadora, independientemente de su condición civil formal.
Esa situación histórica, descrita muy sumariamente, es tan decisiva para la “América Latina moderna” como lo es el período formativo colonial. De hecho, en ella se forja una persistente tendencia estructural, descrita eufemísticamente por los científicos sociales como de “expoliación del campo por la ciudad”, y también una fuerte propensión histórica al envilecimiento del trabajo y del trabajador. En los países en los que la transición neocolonial no fue prolongada o ultraprolongada, la primera tendencia no desapareció con la implementación del capitalismo dependiente. Por el contrario, el crecimiento del mercado interno, la expansión de las ciudades y de sus funciones urbano-comerciales, la industrialización y el propio crecimiento del aparato del Estado y la diferenciación de sus funciones extrapolíticas (especialmente las económicas) han dependido en gran medida del congelamiento de la descolonización. La cuestión ha sido planteada en términos de conversión del excedente económico de los empresarios agrarios en inversiones en el sector urbano-comercial e industrial posibilitadas por el “subdesarrollo del campo” (principalmente cuando se traducen los precios de los alimentos básicos en costo de trabajo). Pero el “subdesarrollo del campo” no constituye unarealidad histórica universal y homogénea. El mismo no afectó a los estamentos señoriales, no perjudicó la transformación de la aristocracia agraria en burguesía rural ni ha excluido (tanto en el pasado como en el presente) a la legión de intermediarios (que especulan lucrativamente con los productos primarios) de la sociedad civil. Ésta se desplomó, unilateralmente, sobre el hombre pobre del campo, convertido en trabajador semilibre de modo permanente. Del sector rural no proviene una resistencia política articulada contra la reproducción indefi nida de esa tendencia, por un motivo muy simple: quienes son directamente privilegiados por el congelamiento de la descolonización tienen más interés en defender la continuidad del statu quo que en combatir los prejuicios coyunturales que puedan resultar de la variación de su posición en el prorrateo de la masa de plusvalía (o de excedente económico, si se quisiera describir el proceso de esta manera) por las clases burguesas. Los indirectamente privilegiados, como los comerciantes, los industriales o los banqueros, saben que el país no puede “fi nanciar su desarrollo” de otra manera… Los economistas usan un lenguaje discreto y pueden hablar de transferencia de costos de industrialización, por ejemplo, del sector urbano hacia el sector rural. En realidad, tanto el capitalismo neocolonial como el capitalismo dependiente exigen la repartición desigual, que convierte al desheredado de la tierra en un nuevo paria social.
El punto crucial de la cuestión, en lo que se refi ere a los países en los cuales la vanguardia interna de la lucha contra el colonialismo era reclutada en los estratos más privilegiados de los estamentos dominantes, es que dichos estamentos y sus elites no tenían ningún interés en revolucionar las estructuras sociales y económicas vigentes, y, en cuanto a las estructuras legales y políticas, sólo querían modificarlas revolucionariamente de forma localizada: la independencia frente a la metrópoli, por un lado, y la plenitud política de su hegemonía social en el plano interno, por el otro. Ya he tratado de explicar ese proceso como una forma de autonomización política de los estamentos señoriales y de integración de la dominación estamental a escala nacional, con referencia a Brasil. En otros países de América Latina, las “luchas por la independencia” y por la creación del Estado “nacional” se desarrollaron en condiciones históricas diferentes pero estructuralmente homólogas. La independencia que se creaba era la de los estamentos privilegiados y, por su parte, el Estado nacional independiente nacía antes que la Nación, como expresión de la voluntad colectiva y de los intereses de dominación económica, social y política de la gente válida, es decir, como una manera de organizar la voz política de los dueños de hecho del poder y de dar continuidad a las estructuras de producción y de exportación previamente montadas. Esto signifi ca que había una reciprocidad fundamental en la situación de intereses de los estamentos privilegiados y de las naciones centrales que reemplazaron a España y Portugal a partir de la dominación externa. De esa reciprocidad procedía el marco que la dominación externa asumía como dominación indirecta, independiente de estructuras legales y políticas de dominación, y como dominación semicolonial, que se transformaría gradualmente, en función de los ritmos y de la duración del período de transición neocolonial.
Dos cosas merecen ser destacadas en esta breve exposición. Primero, resultaba de primordial interés, para los estamentos privilegiados y para sus socios externos, mantener las formas de producción existentes y explotarlas con mayor intensidad, en donde ello fuera posible. Antes de promover la sustitución de ciertas técnicas de producción y de las formas de trabajo preexistentes, el orden del período de transición buscaba crear el espacio histórico necesario para que aquellas técnicas y aquellas formas de trabajo pudieran rendir más, es decir, producir, en la medida de lo posible, un excedente económico mayor. Por lo tanto, las formas típicamente coloniales no estaban condenadas a la desaparición y a la superación. Por el contrario, ellas debían funcionar como el fundamento material de la transformación del capitalismo colonial en capitalismo neocolonial (lo que encerraba una diferencia notable en cuanto a la reorganización del mercado, la retención de alícuotas de la riqueza “nacional” que no debían continuar siendo repartidas con la Corona y, dentro del complejo económico colonial, la transferencia de técnicas e instituciones sociales nuevas, así como la construcción del “sector nuevo” de la economía, que debería transformar el patrón neocolonial de crecimiento económico en satélite). Se trata, como se ve, de un giro en la transformación del capital mercantil, que debía cumplir funciones antiguas dentro de condiciones históricas nuevas y crecer en el sentido de saturar nuevas funciones económicas, nacidas de la incorporación directa de las economías latinoamericanas en el mercado mundial y de la inclusión de los estamentos señoriales e intermedios en el nuevo entramado de negocios, abierto por el “sector nuevo” (en algunos países en crecimiento más o menos rápido). Todo ello signifi ca una cosa: el anticolonialismo de los estratos privilegiados sólo era intenso y fervoroso en un punto, el de la conquista de la condición legal y política de dueños del poder. En los demás puntos, los intereses más avanzados y profundos exigían el CONGELAMIENTO DE LA DESCOLONIZACIÓN. Congelar la descolonización constituía no sólo un prerrequisito estructural y dinámico de la “defensa del orden”, del “combate a la anarquía”, de la “preservación de la propiedad”, etc., sino que era el requisito número uno de la nueva articulación entre los estamentos señoriales y los estamentos intermedios en ascensión potencial con los centros de dominación económica externa, es decir, literalmente, del patrón neocolonial de crecimiento del capitalismo. Por lo tanto, la gente válida se lanzó tanto contra las manifestaciones de inconformismo de la plebe como contra el idealismo nacional-liberador de los exponentes civiles y militares de las luchas por la independencia.
La orientación predominante en las clases privilegiadas de América Latina consiste en confundir la disgregación del antiguo régimen colonial con la descolonización como proceso histórico-social. De esta manera se procede a una mistifi cación que se desenvuelve, en mayor o menor grado, en todos los países, pero que principalmente se manifi esta de manera acentuada en los diversos países que aún se encuentran en el período de transición neocolonial. El desengaño se ha llevado a cabo, en términos científi cos, a través de la teoría del colonialismo interno; en el plano de la lucha de clases y de la oposición política articulada, la misma aparece bajo las banderas del combate al “feudalismo”, a las estructuras arcaicas de producción, y sobre todo del antiimperialismo. ¡Algo es mejor que nada! Sin embargo, la teoría del colonialismo interno les concede a las clases dominantes una ventaja estratégica: ella descuida por demás la necesidad de una investigación rigurosa de las formas de estratificación enlazada al capitalismo neocolonial y al capitalismo dependiente, y coloca la lucha de clases propiamente dicha en un segundo plano, concentrando el impacto sobre los efectos constructivos del cambio social espontáneo, del desarrollismo y, en particular, de la secularización y de la racionalización inherentes a la expansión del urbanismo y del industrialismo. Por lo tanto, en aquello en lo que se presenta como una teoría crítica, la misma se polariza como una manifestación intelectual del radicalismo burgués y del nacionalismo reformista. El combate político a los remanentes feudales o al feudalismo persistente y al revolución burguesa tiene un carácter de ruptura más pronunciado. De hecho, el mismo se vincula con un intento de las vanguardias de izquierda por informarse acerca de la dinamización de las transformaciones dentro del orden relacionadas con la revolución burguesa (esas transformaciones fueron descritas en Europa como “revoluciones” y son las que marcan el avance de la revolución burguesa: la revolución agraria, la revolución urbana, la revolución industrial, la revolución nacional y la revolución democrática). En términos tácticos, el intento se detiene en el nivel de los conflictos que se dan en el seno de las clases dominantes: poner a las facciones de la burguesía estructuradas en la producción latifundista y en el sector de la exportación o insertas en la dominación externa, en contra de las facciones estructuradas en la expansión del mercado interno y de la industria. En consecuencia, ésta no contribuye a adecuar lateoría de las clases sociales y de la lucha de clases a las condiciones concretas de los países en situación neocolonial o de capitalismo dependiente, y contribuye muy mal con la exposición de las reivindicaciones de los trabajadores del campo y de la ciudad en un lenguaje específi camente socialista y revolucionario. Por lo tanto, también ha desembocado en la órbita del reformismo burgués, aunque no se pueda subestimar su importancia en cuanto a la movilización política de sectores de la población pobre y trabajadora sistemáticamente excluidos de la cultura cívica y de la sociedad civil, así como en lo que respecta a la impregnación nacionalista y radical-democrática de algunos sectores de las clases medias o incluso de las clases altas.
Lo grave es que el problema de la descolonización no fue —y continúa no siendo— planteado como y en tanto tal. El mismo es diluido y desintegrado como si no existiera, y sustantivamente como si lo que importara fueran sólo las debilidades congénitas del capitalismo neocolonial y del capitalismo dependiente. Sombart demostró que el capitalismo puede transformarse, agotando épocas bien marcadas y manteniendo, no obstante, espacio histórico y económico para la supervivencia y la revitalización de formas superadas de producción y de intercambio. Se podría pensar, desde los países centrales, que éstos serían “nichos” de formas arcaicas u obsoletas de capitalismo, funcionales a los arreglos modernos y más avanzados del desarrollo capitalista. Este razonamiento no se aplica del mismo modo a la periferia, principalmente a los países que se encuentran en situaciones neocoloniales específicas o a los que, estando en situaciones de capitalismo dependiente, no reciben de las economías centrales fuertes dinamismos de crecimiento económico o no pueden compatibilizar tales dinamismos con el crecimiento del mercado interno. Aquí, la descolonización constituye una categoría histórica enmascarada por la dominación burguesa (tanto la nacional como la imperialista: ambas tienen intereses convergentes en crear ilusiones o mitos sociales). En lugar de un ataque abstracto al colonialismo interno, a los elementos feudales parciales o globales y al imperialismo, convenía darle énfasis a la descolonización que no se realiza—ni puede realizarse— dentro del capitalismo neocolonial y del capitalismo dependiente. He aquí el quid de la cuestión. Llevar la descolonización hasta sus últimas consecuencias es una bandera de lucha análoga a la revolución nacional y a la revolución democrática —y esa reivindicación debería hacerse en términos socialistas, aunque con vistas a la “aceleración de la revolución burguesa”. Parece evidente que la descolonización no puede ser contenida en esos límites y que, en la acción práctica, en lugar de acelerar la revolución burguesa, fomenta la “desestabilización” y la evolución de situaciones revolucionarias hasta puntos críticos. A pesar de todo, en la periferia el socialismo cumple la función de calibrar los dinamismos revolucionarios del orden existente por los problemas y dilemas sociales que las burguesías no intentaron enfrentar y resolver, por no ser de su interés de clase en las formas de desarrollo capitalista inherentes al semicolonialismo y a la dependencia.
Tenemos que enterrar el lugar común en cuestión y orientar el pensamiento sociológico ontestatario en la dirección opuesta, la única que puede ayudar a “los de abajo” a tomar conciencia de las situaciones revolucionarias emergentes y a luchar por la profundización de la revolución dentro del orden, o contra él.
Esta introducción podrá parecer impertinente, o cuando menos excesiva para las proporciones del trabajo. No es ese mi pensamiento. En el fondo, no tenemos cuatro subtemas sino cuatro problemáticas que se unen en el arco implícito de revolución /contrarrevolución de las clases burguesas y estabilización represiva / revolución de las clases trabajadoras. Lo esencial, cuando se piensa en la reflexión política del lector, es que ese arco se haga evidente y dirija su propio curso de imaginación política contestataria. Lo que yo pueda decir es secundario frente a lo que el lector pueda representarse por su cuenta y riesgo. Sin pretender condicionar esa colaboración creadora, he sentido la necesidad de marcar bien las líneas negativas de tradiciones culturales y sofocantes que, a pesar de ello, pasan por “científi cas” y “estimulantes”. Mi deseo íntimo es que el lector me supere, o por lo menos disponga de una base sólida para compartir mi convicción de que todas esas tradiciones deben ser enterradas, junto con el patrón histórico de las “revoluciones interrumpidas”. Poco importa que el texto subsiguiente no llegue más allá de lo que debería ser hecho. Mucho más importa saber que las alternancias de “conciliación” y “reforma” traducen el confl icto crónico tanto del capitalismo neocolonial como del capitalismo dependiente. Para destruir ese confl icto es necesario acabar con la conciliación y con la reforma como “algo que viene impuesto desde arriba” y “sólo permanece arriba”.
Todo escrito implica una complicidad entre el autor y el lector. Me ha parecido justo defi nir los términos de esa complicidad. A través de una excursión sumaria por ciertos temas estratégicos, me parece oportuno que el lector concluya, no importa si a favor o en contra de mis argumentos, cuál será su ruta de entendimiento del tema. No veo mucha difi cultad en seleccionar los temas estratégicos. Considero que son cuatro: el problema de la descolonización, los límites de la “transformación capitalista”, las lecciones de Cuba y determinar quién se aprovecha de las contradicciones en la lucha de clases.
Constituye una tradición afi rmar que la órbita colonial se ha extinguido. Cuando mucho, se admite que han quedado algunos vestigios en los países “más pobres” y “más atrasados” de América Latina. En los otros, que no son muchos, tales cuestiones sólo aparecerían en “ciertos tipos de conducta” (como el mangoneo) o con referencia a “ciertas condiciones de vida” localizadas (por ejemplo, entre indígenas o en las “poblaciones carenciadas”). Nunca se plantea la cuestión central: ¿qué ingresa en el circuito de la descolonización cuando ésta es obra histórica de las elites económicas y militares de los estamentos dominantes? ¿Y qué es condenado a permanecer de manera perpetua fuera de la descolonización para que las clases burguesas emergentes puedan controlar el cambio social progresivo sin arriesgar tanto su supremacía social en lo que respecta a su monopolio del poder político?
También es una tradición establecer un paralelismo tácito entre la transformación capitalista corriente (o posible dentro del capitalismo neocolonial y del capitalismo dependiente) y la que tuvo lugar en algunos países de Europa, así como en los Estados Unidos. Incluso sin poner en jaque ese paralelismo —que nunca debería ser convertido en un modo de ver la historia desde un “palacio de espejos”—, existen reglas de investigación precisas que exigen que al menos se consideren diferencias relacionadas con la “forma del desarrollo capitalista” y con el “grado de desarrollo capitalista”. Un desarrollo capitalista transformado en satélite no lanza a la arena política a una “burguesía conquistadora”; un desarrollo capitalista con baja industrialización o con una industrialización masiva incipiente no cuenta, de inmediato, con un “proletariado independiente”. Los elementos “objetivos” y “subjetivos” de transformación capitalista imponen, pues, una orientación para arribar a una solución histórica objetiva.
La Revolución Cubana “ha separado” el pasado del presente. Ella no sólo se erige en un marco histórico, un “divisor de aguas”, sino que pone de manifi esto que la negación del pasado se introduce como corriente histórica en el proceso civilizador de América Latina. ¿Qué representa esa revolución como modelo opuesto de las revoluciones interrumpidas? ¿Por qué, en el marco del capitalismo, los elementos dominantes, primero, y las clases dominantes, después, no pudieron ir más allá del cambio social progresivo, cerrado por el egoísmo de los dueños del poder o confi nado al universo de los “más iguales entre los iguales”? Cualquier revolución verdadera genera patrones propios de cambio social y permite que se reconstruya el entendimiento del pasado reciente y remoto. ¿Por qué no se han explorado estas dos dimensiones en el caso de Cuba, que al mismo tiempo ha modifi cado la calidad de la historia y la calidad de la conciencia histórica en América Latina?
Por último, no es sólo una tradición sino también un lugar común decir que las contradicciones sociales dinamizan la lucha de clases y son una especie de partera del futuro ideal. Ahora bien, esto no pasa de una mera verborragia vacía y de un mecanicismo barato. Las contradicciones refl ejan la forma y el grado del desarrollo del capitalismo, así como la relación recíproca de clases sociales antagónicas. En la tradición marxista lo adecuado sería preguntar si las clases trabajadoras disponen o no de las condiciones objetivas y subjetivas para trabar, en nombre propio y en su provecho, la lucha de clases. ¿Qué hacer para poner fi n a las revoluciones “interrumpidas” del pasado remoto, del pasado reciente y del presente? En las relaciones antagónicas de clases no son la justicia social ni el criterio de equidad de los proletarios los que determinan quién explotará estratégicamente las contradicciones percibidas y dinamizadas a través de conflictos reales o simulados.
Por su parte, en los pocos países en los que esto no sucede, las clases burguesas segregan más o menos (a veces casi por completo) al Estado de la Nación, tomando a través del primero decisiones políticas en nombre de la segunda, lo cual provoca una extrema exacerbación del elemento político inherente al capitalismo y retira de la transformación capitalista, en escala variable, el potencial de presión de las clases trabajadoras.
Por lo tanto, desde una perspectiva externa superfi cial, todo “parece igual” o “gris” en América Latina, y el cambio social progresivo —aunque surja de situaciones revolucionarias— parece un “factor de refuerzo” del statu quo. Una visión como ésta corre el riesgo de ser entendida como “caricaturesca” y, al mismo tiempo, como “muy severa”. La misma es ambas cosas a la vez, pero no por ello menos verdadera…
La caricatura reproduce los rasgos típicos más esenciales del objeto representado. Después de 40 años de experiencia concreta como sociólogo, he llegado a la conclusión de que sólo el máximo de severidad le otorga al observador un mínimo de objetividad. El dilema, para mí, no es éste, sino que el mismo se encuentra en el número de temas que sería preciso enfrentar para proceder a una evaluación correcta del signifi cado sociológico y político de las “revoluciones interrumpidas”. Empezando por el hecho de que las mismas no son “interrumpidas” para los estratos más privilegiados de las clases dominantes (incluyendo en éstas a los socios externos involucrados y los intereses imperiales de las respectivas naciones). El circuito de la revolución es interrumpido en el nivel a partir del cual sus dividendos serían compartidos, ya sea con los “menos iguales” de las clases dominantes o con “los de abajo”. La interrupción sólo se hace evidente por medio de un artifi cio comparativo: lo que sucedió en casos análogos en los países centrales y lo que sucedería si… De hecho, el radio de esas revoluciones es tan pequeño que sería una “anomalía” que las mismas transcurrieran de otra manera. He aquí mi dilema: si quisiera enfrentar el tema seriamente tendría que escribir un libro, no un pequeño artículo: tal es el número de cuestiones no resueltas o mal resueltas que debería enfrentar. Por ejemplo, el período colonial parece muy lejano, el “pasado remoto”; sin em bargo, el mismo está vivo y actúa, y no sólo en América Latina.
Tomemos como punto de referencia el grado de deshumanización de la persona. ¿Cómo explicar el Ku Klux Klan en los Estados Unidos si no es a través de la persistencia de una deshumanización, de porte y de estándar coloniales, de la persona? El “negro” no es más el “enemigo público del orden” de la época esclavista y del período de transición hacia el trabajo libre. No obstante, la seguridad de los “blancos” exige que semejante residuo colonial se reconstituya y se reproduzca en nuevas condiciones de vida. Otro ejemplo: el pasaje del estamento y de la casta hacia la clase, más o menos defi nido, por lo menos en los países que tienen un mercado interno extenso, un sector urbano-comercial consolidado (o “dinámico”) y algún potencial industrializador fl oreciente.
Los que no siguen el ejemplo de Marx y Engels y de la tradición sociológica europea ni siquiera se plantean este problema. Sin embargo, la disgregación del orden social no se dio de la misma manera en todas partes y, casi como regla, el período de transición neocolonial (en el que el mismo no se estabilizó) les confi rió a las formas económicas y sociales coloniales un fl ujo más fuerte. Era “normal”, pues entonces surgieron las condiciones históricas que posibilitaban, antes del colapso, el fl orecimiento de tales formas económicas y sociales. Un último ejemplo: el carácter restricto o meramente “político” de tales revoluciones. Éstas se encierran en el vértice de la sociedad y, dentro de ese vértice, mientras el régimen de clases sociales no estuviera expandido en función del grado y de la forma de desarrollo capitalista, los confl ictos de los estamentos dominantes tendrían que resolverse por composición (a veces por composición regulada, como sucedía con el poder moderador en Brasil) de los “más iguales”. Para que ocurriera lo contrario sería necesario que la sociedad civil se encontrara más diferenciada y que “los de abajo” tuvieran alguna voz política institucionalizada.
Las revoluciones “meramente políticas” tenían, por lo tanto, una naturaleza íntima que refl ejaba la organización de la economía, de la sociedad y del poder. ¿Cómo se podrían tratar aquí todos esos temas (y otros, igualmente importantes, que no han sido mencionados)?
Hay aquí dos temas previos que no deben ser subestimados. Uno tiene que ver con el abuso de categorías históricas, y el otro con los paralelismos con la evolución de los Estados Unidos. Tanto la “tradición liberal” como la “tradición marxista” fomentan abusos evidentes en el empleo de categorías históricas. No me propongo discutir un tema tan amplio y complejo en estas notas.
Apenas me gustaría decirles a quienes se consideran marxistas que, si pretenden “imitar a Marx”, deben hacerlo con grandeza científica. Recuerden que él (al igual que Engels) no trabajaba con puras abstracciones. Acuérdense, sobre todo, del cruce concreto entre determinaciones generales y particulares, por lo cual el todo del análisis materialista-dialéctico no comporta una simplifi cación conceptual, ni una reducción empírica, ni una abstracción desintegradora.
Recuerden que las explicaciones contenidas en El Capital no son el “otro lado” ni se contraponen a las explicaciones contenidas en Las luchas de clases en Francia o en El 18 Brumario. El mismo método de construcción empírica y de explicación lógica está presente en todos esos trabajos, y no se es “marxista” por la mitad, extrayendo un poco de aquí y otro poco de allí, de acuerdo con las conveniencias del ensayista. Es fácil transferir ideas, pero no se puede transferir la transformación de lo real: si una clase ha alcanzado o no su desarrollo completo y su forma pura, si están o no dadas las condiciones para que la burguesía (o una fracción de ella) pueda realizar esto o aquello. En defi nitiva, ser marxista no es una cuestión de “manía fi losófi ca” y no se puede, con ese fundamento, proyectar sobre el dato real categorías abstractas o dinamismos históricos hacia los cuales él “puede tender” (o “debería corresponder”) si la periferia del mundo capitalista fuera una mera repetición del espacio central.
Por su parte, los Estados Unidos también tienen un origen colonial. Sin embargo, desde su formación como colonia se constituyeron allí dos universos históricos distintos, vinculados entre sí por el destino colonial, aunque opuestos de forma diferente a la situación colonial, a la metrópoli y a la dominación del capital.
Por lo tanto, cuando se dio la ruptura con la metrópoli, uno de los universos sirvió de base para una auténtica autonomización nacionalizadora del desarrollo capitalista. Tal condición no ocurrió en el resto de las Américas y sería vano suponer que el desarrollo capitalista genera por sí mismo automatismos de clase que, tarde o temprano, conducen a las clases burguesas hacia ciertas compulsiones autonomistas e imperialistas. En el resto de las Américas el capital mercantil quedó atado a ciertas órbitas históricas y ello es decisivo para establecer determinadas evoluciones típicas del “capitalismo colonial” hacia el “capitalismo neocolonial” y hacia el “capitalismo dependiente”. Las burguesías que surgieron gracias a dichas evoluciones —de las cuales ellas también fueron sus agentes históricos— tuvieron “sueños de grandeza”, pero nunca tuvieron los contenidos ni las dimensiones de quienes alimentaron la “utopía capitalista” de los padres fundadores de la República del Norte.
La “interrupción de las revoluciones” se presenta como un fenómeno político repetitivo. Con frecuencia, se podría decir, entra en juego el mismo abortamiento de la revolución burguesa. La base económica y social del desarrollo capitalista hace que, en la gran mayoría de los países de América Latina, los estratos burgueses sean muy débiles, tanto en su presencia como en su capacidad de decisión. En síntesis, las “condiciones objetivas” de la transformación capitalista son demasiado débiles y discontinuas como para alimentar cambios constantes en sus “condiciones subjetivas”. La búsqueda de las “ventajas del pequeño número” sufre una erosión destructiva, en términos de la mentalidad capitalista, e impulsa colectivamente a la burguesía a privilegiar sus relaciones con el mercado mundial, a fortalecer unilateralmente su posición de poder y a evitar riesgos que podrían ser transferidos a los “socios externos” y a la colectividad, por la mediación del mercado externo, de la dominación paternalista o del Estado.
Como consecuencia, en la mayoría de los países el período de transición neocolonial es muy prolongado, y en ellos el Estado capitalista constituye una factoría ampliada a través de la cual verdaderas burguesías compradoras utilizan el monopolio del poder político como elemento de trueque en las transacciones mercantiles con el exterior. Por su parte, en los pocos países en los que esto no sucede, las clases burguesas segregan más o menos (a veces casi por completo) al Estado de la Nación, tomando através del primero decisiones políticas en nombre de la segunda, lo cual provoca una extrema exacerbación del elemento político inherente al capitalismo y retira de la transformación capitalista, en escala variable, el potencial de presión de las clases trabajadoras.
Por lo tanto, desde una perspectiva externa superfi cial, todo “parece igual” o “gris” en América Latina, y el cambio social progresivo —aunque surja de situaciones revolucionarias— parece un “factor de refuerzo” del statu quo. Una visión como ésta corre el riesgo de ser entendida como “caricaturesca” y, al mismo tiempo, como “muy severa”. La misma es ambas cosas a la vez, pero no por ello menos verdadera…
La caricatura reproduce los rasgos típicos más esenciales del objeto representado. Después de 40 años de experiencia concreta como sociólogo, he llegado a la conclusión de que sólo el máximo de severidad le otorga al observador un mínimo de objetividad.
El dilema, para mí, no es éste, sino que el mismo se encuentra en el número de temas que sería preciso enfrentar para proceder a una evaluación correcta del signifi cado sociológico y político de las “revoluciones interrumpidas”. Empezando por el hecho de que las mismas no son “interrumpidas” para los estratos más privilegiados de las clases dominantes (incluyendo en éstas a los socios externos involucrados y los intereses imperiales de las respectivas naciones). El circuito de la revolución es interrumpido en el nivel a partir del cual sus dividendos serían compartidos, ya sea con los “menos iguales” de las clases dominantes o con “los de abajo”. La interrupción sólo se hace evidente por medio de un artifi cio comparativo: lo que sucedió en casos análogos en los países centrales y lo que sucedería si… De hecho, el radio de esas revoluciones es tan pequeño que sería una “anomalía” que las mismas transcurrieran de otra manera. He aquí mi dilema: si quisiera enfrentar el tema seriamente tendría que escribir un libro, no un pequeño artículo: tal es el número de cuestiones no resueltas o mal resueltas que debería enfrentar.
El tema de las revoluciones “paralizadas” o “frustradas” ha vuelto a estar a la orden del día. Historiadores y sociólogos retoman el hilo de una refl exión cuyas raíces se encuentran en el siglo pasado, aunque las explicaciones sean otras y a veces combinen la inquietud política, la insatisfacción social y el refi namiento teórico—como sucede con los aportes de Orlando Fals Borda, 2 quien a lo largo de su carrera ha venido enfocando el tema de varias maneras, en términos de la evolución histórica de Colombia o de la situación global de América Latina.
La historiografía marxista también se vincula a este debate teórico. Al parecer, el emprendimiento más ambicioso lo llevó a cabo Adolfo Gilly,3 que recurre a la teoría de la revolución
1 Publicado originalmente como “Reflexões as revoluções interrompidas”, en Florestan Fernandes, Poder e contrapoder na América Latina, Rio de Janeiro, Zahar, 1980, pp. 77-114.
Texto extraído, para la presente edición, de Florestan Fernandes, Poder e contrapoder na América Latina, Rio de Janeiro, Zahar, 1981, pp. 71-114.
2 Orlando Fals Borda, La subversión en Colombia: visión del cambio social en la historia, Bogotá, Departamento de Sociología de la Universidad Nacional de Colombia y Tercer Mundo, 1967, y Las revoluciones inconclusas en América Latina: 1809-1968, México, Siglo XXI Editores, 1968.
3 Adolfo Gilly, La revolución interrumpida. México, 1910-1920: una guerra campesina por la tierra y el poder, México, Ediciones El Caballito, 1971
permanente para describir y explicar la “interrupción” del procesorevolucionario en México. Junto con Cuba, México tuvola oportunidad histórica de una situación revolucionaria de dos vertientes: una “burguesa” y otra “proletaria”. Contrario de loque sucedió en Cuba, en México la revolución se interrumpió enun nivel burgués. El mérito de la interpretación de Gilly es que él no apela al concepto de institucionalización de la revolución: el fl ujo se vio interrumpido pero podrá renacer y crecer de otraforma histórica. La contraprueba de la precisión de su diagnóstico es provista por Cuba, en donde la situación revolucionaria global desató fuerzas sociales y políticas que profundizaron la disgregación del orden existente y alejaron la reconstrucción de la economía, de la sociedad y del Estado.
En esta breve incursión no pretendo realizar un balance bibliográfico ni tampoco marcar lo que en varios países de América Latina se logró descubrir mediante la “investigación científi ca comprometida”. Es sorprendente cuánto se ha avanzado, desde fi nes de la década de los cuarenta, en una obra consistente en la revisión de la explicación de la historia, que no se ha “unifi cado” a la luz de una teoría pero que ha llevado a resultados francamente convergentes y reforzado considerablemente una línea de trabajo intelectual cuyos grandes pioneros han sido José Carlos Mariátegui, Caio Prado Júnior y Sergio Bagú. Mi objetivo es más limitado,y consiste en indagar hasta dónde podría llegar la transformación capitalista en países que no han roto por completo con las formas coloniales de explotación del trabajo y en los que las clases dominantes se han vuelto burguesas a través y detrás del desarrollo del capitalismo. En la lucha interna por la sumisión de las clases subalternas —que no eran propiamente clases, sino estamentos y castas—, éstas pugnaban por convertir formas coloniales de propiedad en modos capitalistas de propiedad y de apropiación social. Su éxito engendró una transformación capitalista peculiar, que no puede ser esclarecida en función de la disgregación del mundo feudal en Europa. La historia no se “repitió” porque no había razón para que eso pasara. Se trataba de otra historia: la del capitalismo en los países de origen colonial.
Reciba el saludo fraterno y cordial del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos.
Cada año el Instituto acoge con simpatía e inmensa satisfacción a la Brigada Suramericana de Trabajo Voluntario y Solidaridad con Cuba; integrada por delegaciones de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay.
La Brigada tiene como objetivos coadyuvar a una mayor compresión de la realidad cubana y la realización de jornadas de trabajo voluntario como aporte al desarrollo agrícola y a la esfera productiva del país.
El programa contempla visitas a lugares de interés históricos, económico, cultural y social; tanto en la capital como en provincias, la impartición de conferencias sobre la actualidad nacional, y encuentros con organizaciones de la sociedad cubana.
En este 2009 recibiremos la XVI edición de la Brigada Suramericana, cuyo programa se desarrollará del 26 de enero al 8 de febrero en las provincias de La Habana, Ciudad de La Habana y Granma, con variadas y atractivas visitas de interés. Se adjunta programa para mayor información.
Son 14 noches de estancia: de ellas 10 en el Campamento Internacional “Julio Antonio Mella” (CIJAM), ubicado en el municipio Caimito, a 45 Km. de la Ciudad de La Habana, y 4 noches en hoteles de Granma, una de las más bellas provincias de la rebelde ayer hospitalaria hoy y heroica siempre región oriental de nuestro país
La estadía tendrá un costo de 350.00 CUC que incluye alojamiento (en habitaciones compartidas hasta 8 personas en el caso del CIJAM), pensión alimentaría completa, transfer in – out y transportación a todas las actividades del programa.
Las jornadas de trabajo agrícola se efectuarán en áreas aledañas al CIJAM. Este campamento, creado en el año 1972, cuenta con condiciones adecuadas para satisfacer la vida colectiva y las necesidades de las personas que nos visitan de diferentes partes del mundo.
La ascendente participación en la brigada denota la motivación por conocer Cuba y la creciente solidaridad que despierta nuestro proyecto social, sobre la base de dos pilares fundamentales: la condena al bloqueo impuesto por Estados Unidos y el respeto a nuestra autodeterminación e independencia.
Con su asistencia el brigadista se compromete a cumplir con el programa señalado y a observar adecuadamente las normas de conducta, disciplina y convivencia social.
Mucho nos agradaría contar con su presencia en la XVI Brigada Suramericana, por lo que le invitamos cordialmente a participar de la misma.
Las inscripciones estarán abiertas para los interesados hasta 20 de diciembre de 2008. Rogamos nos mantengan informados de la fecha, hora y vuelo de llegada de los brigadistas.
A República de Cuba é um arquipélago constituído pela ilha de Cuba, a Ilha da Juventude e mais de 4.000 pequenas ilhas. Situada à entrada do Golfo do México, em pleno Mar do Caribe, ocupa uma superfície total de 110.922 Km² e 5.000 km de costa.Lembra a forma de um crocodilo.
População: Cerca de 11 milhões
Idioma: espanhol
Moeda: peso cubano e CUC
Fuso horário: – menos 2 horas. De abril a outubro, menos 1 h (horário de Brasília)
Províncias – Pinar Del Rio - La Habana - Matanzas – Cienfuegos - Santa Clara- Sancti Spiritus - Ciego de Ávila – Camaguey - Las Tunas - Holguín - Granma - Santiago de Cuba – Guantánamo - Município especial Isla de la Juventud.
O arquipélago foi descoberto por Cristóvão Colombo em 27 de outubro de 1492. Na conquista, os espanhóis exterminaram a sua população aborígene, substituída por escravos africanos. Durante mais de quatro séculos, a Ilha permaneceu como colônia espanhola, etapa em que foram forjadas as características da Nação cubana, sua história, sua cultura e tradições. Esse processo se consolidou com as lutas de independência que começaram em 10 de outubro de 1868 e durou mais de 30 anos, tendo como protagonistas Carlos Manoel de Céspedes (Pai da Pátria e iniciador da luta), Antônio Maceo, Máximo Gómez (dominicano) e José Martí (herói nacional e mentor intelectual da nação cubana).
Diante da iminência do triunfo cubano em 1898, os Estados Unidos declararam guerra contra Espanha e frustraram os mais caros sonhos de independência do povo cubano.
A guerra terminou com o Tratado de Paris, em 10-12-1898, no qualos Estados Unidos receberam o controle absoluto de Porto Rico e Filipinas e ocuparam Cuba militarmente. Em 20 de maio de 1902 foi concedida a Cuba uma independência formal que, de fato, fez do país uma neo-colônia dos Estados Unidos com a instituição da Emenda Platt - dispositivo legal inserido na Carta Constitucional de Cuba que dava a eles, EUA o direito de intervir em Cuba sempre que julgassem necessário e também o direito de estabelecer bases militares permanentes na Ilha.
FIDEL CASTRO liderou o início da luta do povo cubano pela verdadeira libertação contra a ditadura de Fulgêncio Batista com a tomada do Quartel Moncada (Santiago de Cuba) em 26 de julho de 1953 e que culminou no dia 1° de janeiro de 1959, com o triunfo da Revolução Cubana. Abel e Haydée Santamaría, Célia Sanchéz, Raúl Castro, Juan Almeida, Frank País, Che Guevara (médico argentino), Camilo Cienfuegos, dentre outros, são nomes de destaques nessa luta vitoriosa (1953-1959).
PERSONAGENSDESTACADOSDAHISTÓRIADE CUBA
José Martí : Herói Nacional de Cuba, poeta, escritor, orador, catedrático, agente consular, jornalista, estadista e Patriota.
Dedicou sua breve vida à luta pela independência de Cuba e morreu em combate em 1895, durante a Guerra da Independência (1868 a 1895).
“Homem terno e sonhador, mas um revolucionário implacável”, assim o definia Florestan Fernandes.
Antonio Maceo: Figura importante na luta pela Independência. Morreu em combate em 7-12-1896.
Carlos Manoel de Céspedes - Liderou o levante contra o governo espanhol e iniciou a libertação dos seus escravos. Dá início em 10-10-1868 à 1ª guerra da Independência.
Julio Antonio Mella: Um dos fundadores do Partido Comunista de Cuba, 1925. Líder estudantil, fundador da FEU (Federação Estudantil Universitária).
Camilo Cienfuegos - Chegou junto com Fidel na expedição do Granma em 1956 como soldado e tornou-se comandante de uma coluna rebelde desde o Oriente até Pinar del Rio. Homem do povo que saiu do povo.
Che Guevara - Líder guerrilheiro, poeta, médico, fotógrafo, ministro, escritor, leitor, meigo, homem de ação, internacionalista, austero, solidário, operário. “O ser humano mais completo da nossa era”,disse Sartre.
DATAS COMEMORATIVAS
·28 de janeiro - Nascimento de José Martí, Herói Nacional de Cuba (1859-1895)
24 de fevereiro - Início da segunda etapa da Guerra de Independência (1895) e proclamação da Constituição Socialista da República de Cuba (1976).
13 de março - Tomada do Palácio Presidencial de Fulgêncio Batista por um grupo de jovens revolucionários universitários (1957). Neste confronto morreu José Antonio Echevarría.
19 de abril – Vitória de Playa Girón, Baía dos Porcos, primeira derrota dos EUA na América (1961).
19 de maio - Morte em combate de José Martí, em Dos Rios, Cuba (1895).
30 de julho – Assassinato de Frank País (1957) e Dia dos Mártires da Revolução.
08 de outubro – Morte em combate de “Che” Guevara, na Bolívia (1967).
28 de outubro- Desaparecimento de Camilo Cienfuegos (1959).
27 de novembro – Execução de oito estudantes de medicina pelo governo colonial espanhol (1871).
02 de dezembro – Desembarque do Granma em Cuba (1956).
07 de dezembro – Morte de Antonio Maceo (1896) e Dia dos mártires internacionalistas cubanos.
22 de dezembro – Declaração de Cuba como Território Livre de Analfabetismo (1962).
FERIADOS EM CUBA
1° de janeiro - Triunfo da Revolução Cubana
1° de maio - Dia Internacional dos Trabalhadores
26 de julho - Assalto ao Quartel Moncada. – Dia da Rebelião Nacional
10 de outubro – Início das guerras de independência.
BLOQUEIO DOS EUA A CUBA
O bloqueio iniciou-se em 07-02-1962 e continua até hoje. Foi reforçado em 1992 com a Lei Torricelli e, em 1996, com a Lei Helms Burton. Em 1999, Bill Clinton ampliou o bloqueio comercial, proibindo que as filiais estrangeiras de companhias dos EUA comercializassem com Cuba.
Em 2007, pela 16ª vez, a ONU pede o fim do bloqueio a Cuba. Este bloqueio econômico, comercial e financeiro que dura quatro décadas fere a carta da ONU e o Direito Internacional. 184 países votaram a favor do fim do bloqueio e apenas EUA, Israel, Ilhas Marshall e Palau votaram contra o fim de bloqueio nesse mesmo ano. Mas nada mudou em relação à política agressiva e extremamente hostil dos Estados Unidos.
ALGUMAS AUTORIDADES DE CUBA
Fidel Castro: líder máximo da Revolução Cubana desde 1953, membro do Bureau Político.
Raúl Castro: Presidente da República de Cuba e do Conselho de Estado e de Ministro[1]; está ao lado de Fidel desde a fundação do Movimento 26 de Julho.
Ricardo Alarcón: Presidente do Parlamento Cubano e Vice – Presidente do Conselho de Estado.
Felipe Pérez Roque: Ministro das Relações Exteriores. Foi presidente da FEU.
Carlos Lages: Secretário do Conselho deMinistros, Vice – Presidente do Conselho de Estado.Foi Presidente da FEU; (Federação dos Estudantes Universitários).
Abel E. Prieto Jiménez : Ministro da Cultura
Ena Elsa Velásquez :Ministra da Educação
Bernardo Pericás Neto : Embaixador do Brasil em Cuba
Pedro Núñez Mosquera : Embaixador de Cuba no Brasil- Embaixada em Brasília.
Carlos Trejo : Cônsul de Cuba no Brasil- Consulado em São Paulo.
ICAP - INSTITUTO CUBANO DE AMIZADE ENTRE OS POVOS.
Este Instituto tem a finalidade de promover o intercâmbio cultural e fortalecer os laços de amizade com os povos. Alguns representantes do ICAP:
Henrique Romano- Vice- Presidente
José Estevez Hernández- Diretor da América Latina e Caribe
Fabio Semeón González - Responsável pelo Brasil
Juan Carlos - Diretor do Acampamento – CIJAM (Campamento Internacionalista Julio Antonio Mella).
BRIGADA DE TRABALHO VOLUNTÁRIO
Projeto social que tem como finalidade uma maior compreensão da realidade cubana. Faz parte da programação dos internacionalistas a realização de jornadas de trabalho voluntário, iniciado por Che Guevara, como apoio ao desenvolvimento agrícola do país. Inclui visitas a lugares de interesses históricos, econômicos e sociais.
LUTA ATUAL DO POVO CUBANO
Retorno dos cinco heróis:- Geraldo, Antonio, Ramon, Fernando e René, presos injustamente há nove anos nos EUA em cárceres de segurança máxima. São privados do direito de serem visitados regularmente por seus familiares. Foram presos por lutarem contra o terrorismo. Existem comitês de solidariedade pela libertação dos “cinco” em 99 países, incluindo o Brasil.
Prisão para o terrorista Luís Posada Carriles que provocou vários atentados terroristas em Cuba. Derrubou o avião da Cubana de Aviación em 1976 que matou 73 cubanos, tendo sido absolvido pelo governo dos EUA.
Rompimento do Bloqueio
Integração Latino Americana.
LUGARESPARA VISITAREMHAVANA
Capitólio - Catedral - Malecón - Museu da Revolução - Memorial José Martí - Hotéis Havana Livre e Nacional - La Bodeguita del Médio - Tribuna Anti-Imperialista José Martí (com o “Monte de Bandeiras”: são 138 bandeiras representando 138 anos de luta contra o Imperialismo e uma bandeira branca) - Universidade da Havana -Maquete de Havana - Copélia (sorveteria na praça que leva o mesmo nome) - Museu Nacional de Arte.
MOVIMENTO DE SOLIDARIEDADE A CUBAno Brasil
Este movimento existe no Brasil, através das Entidades de Solidariedade a Cuba e de outras iniciativas, com o objetivo de promover o intercâmbio cultural com CUBA e fomentar a integração da América Latina. Já foram realizados 8 Encontros e 16 Convenções Nacionais, em diferentes Estados Brasileiros. A XVII Convenção de 2009, será em Florianópolis, SC, no feriado de Corpus Christi.