BLOQUE ZONA LIVRE em Construção

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sexta-feira, 23 de janeiro de 2009

Passagem à Ilha Revolucionária


Prezados Leitores e Camaradas!


" Socialismo é o nome político do Amor" (Frei Betto)

Domingo, dia 25 de janeiro, estarei embarcando para Cuba. É a primeira viagem que faço para a ilha revolucionária do Caribe e a expectativa é de apreender a dinâmica de uma sociedade estruturada em outras bases, e a partir dela ampliar a avaliação sobre o que acontece no mundo hoje, qual a perspectiva da Revolução Cubana e quais os caminhos que devemos começar a trilhar para a revolução em outros países. Clarear a situação vivida pela esquerda no mundo, pois a realidade se diversifica e muitas vezes, a esquerda, se exclui da luta refugiando-se em velhos dogmas, ou se ajusta a institucionalidade capitalista, ou ainda, não enxerga sua dinâmica.


Novas e ricas experiências têm surgido no mundo, como o Exercito Zapatista de Libertação Nacional - EZLN, no México; na Venezuela, com Chávez; na Bolívia, com Evo Morales; no Equador, com Rafael Correa. Experiência como a da Bolívia é hoje, a meu ver, o laboratório da luta revolucionária no mundo pela sua diversidade em relação a sua sociabilidade coletiva. A dificuldade do capitalismo em ser hegemônico naquele país, resgata sua identidade e não nega os avanços da tecnologia,. É uma sociedade que quer combinar a tecnologia e a produtividade pelo usufruto coletivo. Não pela relação de troca, mas pela necessidade da sociedade de preservar a cultura e o meio ambiente, construindo uma sociedade que se despe do egoísmo e da alienação; desenvolvendo a magnífica capacidade criadora do ser humano.


Cuba é o coração vivo da Revolução permanente. Resistiu às vicissitudes que advieram pelo fim do bloco do socialismo real no leste europeu. Continua resistindo ao bloqueio e aos ataques terroristas do império norte-americano. Essa perícia, dignidade e rebeldia fazem de Cuba uma nação em luta continua para manter os ideais revolucionários e avançar em suas conquistas diante do mundo. Cuba é o exemplo de soberania, convicção e tem autoestima que lhe garantem o morla alto para continuar no caminho escolhido. Sabe que, embora as dificuldades, conseguirá triunfar diante de todas as ameaças e ações destrutivas dos capitalistas. Enxergamos a sociedade cubana como aquela que se empenha, dia-a-dia, por justiça social. Dentro dessa postura extrapola suas divisas pelo seu internacionalismo, e pela sua solidariedade para com outros povos.


Neste momento, estou despedindo-me de todos vocês e, dentro do tempo disponível, estarei atualizando o blog diretamente de Cuba. Ao mesmo tempo, estarei escrevendo e priorizando um diário sobre as experiências vividas na ilha revolucionária.


E, para finalizar, expresso a honra que sinto em participar da XVI BRIGADA SUL-AMERICANA DE SOLIDARIEDADE A CUBA – ANO 50 DA REVOLUÇÃO-, na qual o trabalho voluntário como dizia o Cmte. Che Guevara é uma atitude genuína dos comunistas. Entrego-me, com fervor e alegria, nesta missão. Deixo claro que não medirei esforços na realização deste intento.


Dedico esta "Passagem à Ilha Revolucionária" a minha mulher Maristela, aos 25 anos do MST - Movimento dos Trabalhadores Sem Terra do Brasil, aos Camarada José Ernesto Grisa, João Pedro Fernandes e, em especial, ao Cmte. Fidel Castro Ruz.


Abraço-lhes com toda fraternidade revolucionária,


Brigadista Raoul José Pinto


Viva a Revolução Cubana!

Viva a Revolução Mundial!

Viva todos os Brigadistas!

Pátria ou Morte!

Até a Vitória!

Venceremos!

8ª Parte - REFLEXIONES SOBRE LAS REVOLUCIONES INTERRUMPIDAS1

, por Florestan Fernandes

El otro asunto que cabe destacar preliminarmente es el del sustento de la solución política encontrada para la fi nanciación de ese patrón de desarrollo capitalista. Como se dice hoy en día, los “costos” deberían ser descargados en los agentes directos o indirectos, centrales o marginales, de las formas de producción y de trabajo preexistentes. Los economistas usan un lenguaje ambiguo: hablan de “modelo agrario-exportador”, y con ello dejan en penumbras la expoliación real llevada a cabo de modo desigual por los agentes del capital mercantil interno (del campo y de la ciudad) y externo. Ese modelo sería impracticable si los costos operativos fueran, de hecho, fi jados por los “mecanismos del mercado”. Quienes entraban en el mercado y tenían el privilegio de llamarse agentes productivos también tenían el privilegio económico, social y político de excluir a los verdaderos agentes de la producción (esclavos, libertos, trabajadores semilibres) del propio mercado. Como diría Max Weber, éstos no pasaban por el mercado, y por lo tanto no se clasifi caban a partir del mismoni contaban, en consecuencia, social ni políticamente. El “cálculo económico racional”, intrínseco a esa mentalidad capitalista, forjaba una expoliación global equivalente a la expoliación colonial y fundada en formas de propiedad coloniales que sólo serían abolidas legalmente en forma renuente y socialmente encontrarían una continuidad infinita (aunque en algunos países el proceso haya sido relativamente rápido, por lo menos en el plano legal). Los ritmos más veloces acabaron dependiendo de la expansión y de la vitalidad del mercado, por lo menos en lo que respecta a ciertas ciudades más importantes, productoras de satélites (como el célebre caso de Buenos Aires), pero sin afectar el doble carácter del nuevo patrón emergente y en consolidación de desarrollo económico: subordinado a los centros estratégicos de la economía mundial y prácticamente extorsivo en cuanto a la masa de la población pobre y trabajadora, independientemente de su condición civil formal.

Esa situación histórica, descrita muy sumariamente, es tan decisiva para la “América Latina moderna” como lo es el período formativo colonial. De hecho, en ella se forja una persistente tendencia estructural, descrita eufemísticamente por los científicos sociales como de “expoliación del campo por la ciudad”, y también una fuerte propensión histórica al envilecimiento del trabajo y del trabajador. En los países en los que la transición neocolonial no fue prolongada o ultraprolongada, la primera tendencia no desapareció con la implementación del capitalismo dependiente. Por el contrario, el crecimiento del mercado interno, la expansión de las ciudades y de sus funciones urbano-comerciales, la industrialización y el propio crecimiento del aparato del Estado y la diferenciación de sus funciones extrapolíticas (especialmente las económicas) han dependido en gran medida del congelamiento de la descolonización. La cuestión ha sido planteada en términos de conversión del excedente económico de los empresarios agrarios en inversiones en el sector urbano-comercial e industrial posibilitadas por el “subdesarrollo del campo” (principalmente cuando se traducen los precios de los alimentos básicos en costo de trabajo). Pero el “subdesarrollo del campo” no constituye unarealidad histórica universal y homogénea. El mismo no afectó a los estamentos señoriales, no perjudicó la transformación de la aristocracia agraria en burguesía rural ni ha excluido (tanto en el pasado como en el presente) a la legión de intermediarios (que especulan lucrativamente con los productos primarios) de la sociedad civil. Ésta se desplomó, unilateralmente, sobre el hombre pobre del campo, convertido en trabajador semilibre de modo permanente. Del sector rural no proviene una resistencia política articulada contra la reproducción indefi nida de esa tendencia, por un motivo muy simple: quienes son directamente privilegiados por el congelamiento de la descolonización tienen más interés en defender la continuidad del statu quo que en combatir los prejuicios coyunturales que puedan resultar de la variación de su posición en el prorrateo de la masa de plusvalía (o de excedente económico, si se quisiera describir el proceso de esta manera) por las clases burguesas. Los indirectamente privilegiados, como los comerciantes, los industriales o los banqueros, saben que el país no puede “fi nanciar su desarrollo” de otra manera… Los economistas usan un lenguaje discreto y pueden hablar de transferencia de costos de industrialización, por ejemplo, del sector urbano hacia el sector rural. En realidad, tanto el capitalismo neocolonial como el capitalismo dependiente exigen la repartición desigual, que convierte al desheredado de la tierra en un nuevo paria social.

sexta-feira, 16 de janeiro de 2009

7ª Parte - REFLEXIONES SOBRE LAS REVOLUCIONES INTERRUMPIDAS1


El punto crucial de la cuestión, en lo que se refi ere a los países en los cuales la vanguardia interna de la lucha contra el colonialismo era reclutada en los estratos más privilegiados de los estamentos dominantes, es que dichos estamentos y sus elites no tenían ningún interés en revolucionar las estructuras sociales y económicas vigentes, y, en cuanto a las estructuras legales y políticas, sólo querían modificarlas revolucionariamente de forma localizada: la independencia frente a la metrópoli, por un lado, y la plenitud política de su hegemonía social en el plano interno, por el otro. Ya he tratado de explicar ese proceso como una forma de autonomización política de los estamentos señoriales y de integración de la dominación estamental a escala nacional, con referencia a Brasil. En otros países de América Latina, las “luchas por la independencia” y por la creación del Estado “nacional” se desarrollaron en condiciones históricas diferentes pero estructuralmente homólogas. La independencia que se creaba era la de los estamentos privilegiados y, por su parte, el Estado nacional independiente nacía antes que la Nación, como expresión de la voluntad colectiva y de los intereses de dominación económica, social y política de la gente válida, es decir, como una manera de organizar la voz política de los dueños de hecho del poder y de dar continuidad a las estructuras de producción y de exportación previamente montadas. Esto signifi ca que había una reciprocidad fundamental en la situación de intereses de los estamentos privilegiados y de las naciones centrales que reemplazaron a España y Portugal a partir de la dominación externa. De esa reciprocidad procedía el marco que la dominación externa asumía como dominación indirecta, independiente de estructuras legales y políticas de dominación, y como dominación semicolonial, que se transformaría gradualmente, en función de los ritmos y de la duración del período de transición neocolonial.

Dos cosas merecen ser destacadas en esta breve exposición. Primero, resultaba de primordial interés, para los estamentos privilegiados y para sus socios externos, mantener las formas de producción existentes y explotarlas con mayor intensidad, en donde ello fuera posible. Antes de promover la sustitución de ciertas técnicas de producción y de las formas de trabajo preexistentes, el orden del período de transición buscaba crear el espacio histórico necesario para que aquellas técnicas y aquellas formas de trabajo pudieran rendir más, es decir, producir, en la medida de lo posible, un excedente económico mayor. Por lo tanto, las formas típicamente coloniales no estaban condenadas a la desaparición y a la superación. Por el contrario, ellas debían funcionar como el fundamento material de la transformación del capitalismo colonial en capitalismo neocolonial (lo que encerraba una diferencia notable en cuanto a la reorganización del mercado, la retención de alícuotas de la riqueza “nacional” que no debían continuar siendo repartidas con la Corona y, dentro del complejo económico colonial, la transferencia de técnicas e instituciones sociales nuevas, así como la construcción del “sector nuevo” de la economía, que debería transformar el patrón neocolonial de crecimiento económico en satélite). Se trata, como se ve, de un giro en la transformación del capital mercantil, que debía cumplir funciones antiguas dentro de condiciones históricas nuevas y crecer en el sentido de saturar nuevas funciones económicas, nacidas de la incorporación directa de las economías latinoamericanas en el mercado mundial y de la inclusión de los estamentos señoriales e intermedios en el nuevo entramado de negocios, abierto por el “sector nuevo” (en algunos países en crecimiento más o menos rápido). Todo ello signifi ca una cosa: el anticolonialismo de los estratos privilegiados sólo era intenso y fervoroso en un punto, el de la conquista de la condición legal y política de dueños del poder. En los demás puntos, los intereses más avanzados y profundos exigían el CONGELAMIENTO DE LA DESCOLONIZACIÓN. Congelar la descolonización constituía no sólo un prerrequisito estructural y dinámico de la “defensa del orden”, del “combate a la anarquía”, de la “preservación de la propiedad”, etc., sino que era el requisito número uno de la nueva articulación entre los estamentos señoriales y los estamentos intermedios en ascensión potencial con los centros de dominación económica externa, es decir, literalmente, del patrón neocolonial de crecimiento del capitalismo. Por lo tanto, la gente válida se lanzó tanto contra las manifestaciones de inconformismo de la plebe como contra el idealismo nacional-liberador de los exponentes civiles y militares de las luchas por la independencia.

quarta-feira, 14 de janeiro de 2009

6ª Parte - REFLEXIONES SOBRE LAS REVOLUCIONES INTERRUMPIDAS1


, por Florestan Fernandes

EL PROBLEMA DE LA DESCOLONIZACIÓN

La orientación predominante en las clases privilegiadas de América Latina consiste en confundir la disgregación del antiguo régimen colonial con la descolonización como proceso histórico-social. De esta manera se procede a una mistifi cación que se desenvuelve, en mayor o menor grado, en todos los países, pero que principalmente se manifi esta de manera acentuada en los diversos países que aún se encuentran en el período de transición neocolonial. El desengaño se ha llevado a cabo, en términos científi cos, a través de la teoría del colonialismo interno; en el plano de la lucha de clases y de la oposición política articulada, la misma aparece bajo las banderas del combate al “feudalismo”, a las estructuras arcaicas de producción, y sobre todo del antiimperialismo. ¡Algo es mejor que nada! Sin embargo, la teoría del colonialismo interno les concede a las clases dominantes una ventaja estratégica: ella descuida por demás la necesidad de una investigación rigurosa de las formas de estratificación enlazada al capitalismo neocolonial y al capitalismo dependiente, y coloca la lucha de clases propiamente dicha en un segundo plano, concentrando el impacto sobre los efectos constructivos del cambio social espontáneo, del desarrollismo y, en particular, de la secularización y de la racionalización inherentes a la expansión del urbanismo y del industrialismo. Por lo tanto, en aquello en lo que se presenta como una teoría crítica, la misma se polariza como una manifestación intelectual del radicalismo burgués y del nacionalismo reformista. El combate político a los remanentes feudales o al feudalismo persistente y al revolución burguesa tiene un carácter de ruptura más pronunciado. De hecho, el mismo se vincula con un intento de las vanguardias de izquierda por informarse acerca de la dinamización de las transformaciones dentro del orden relacionadas con la revolución burguesa (esas transformaciones fueron descritas en Europa como “revoluciones” y son las que marcan el avance de la revolución burguesa: la revolución agraria, la revolución urbana, la revolución industrial, la revolución nacional y la revolución democrática). En términos tácticos, el intento se detiene en el nivel de los conflictos que se dan en el seno de las clases dominantes: poner a las facciones de la burguesía estructuradas en la producción latifundista y en el sector de la exportación o insertas en la dominación externa, en contra de las facciones estructuradas en la expansión del mercado interno y de la industria. En consecuencia, ésta no contribuye a adecuar lateoría de las clases sociales y de la lucha de clases a las condiciones concretas de los países en situación neocolonial o de capitalismo dependiente, y contribuye muy mal con la exposición de las reivindicaciones de los trabajadores del campo y de la ciudad en un lenguaje específi camente socialista y revolucionario. Por lo tanto, también ha desembocado en la órbita del reformismo burgués, aunque no se pueda subestimar su importancia en cuanto a la movilización política de sectores de la población pobre y trabajadora sistemáticamente excluidos de la cultura cívica y de la sociedad civil, así como en lo que respecta a la impregnación nacionalista y radical-democrática de algunos sectores de las clases medias o incluso de las clases altas.

Lo grave es que el problema de la descolonización no fue —y continúa no siendo— planteado como y en tanto tal. El mismo es diluido y desintegrado como si no existiera, y sustantivamente como si lo que importara fueran sólo las debilidades congénitas del capitalismo neocolonial y del capitalismo dependiente. Sombart demostró que el capitalismo puede transformarse, agotando épocas bien marcadas y manteniendo, no obstante, espacio histórico y económico para la supervivencia y la revitalización de formas superadas de producción y de intercambio. Se podría pensar, desde los países centrales, que éstos serían “nichos” de formas arcaicas u obsoletas de capitalismo, funcionales a los arreglos modernos y más avanzados del desarrollo capitalista. Este razonamiento no se aplica del mismo modo a la periferia, principalmente a los países que se encuentran en situaciones neocoloniales específicas o a los que, estando en situaciones de capitalismo dependiente, no reciben de las economías centrales fuertes dinamismos de crecimiento económico o no pueden compatibilizar tales dinamismos con el crecimiento del mercado interno. Aquí, la descolonización constituye una categoría histórica enmascarada por la dominación burguesa (tanto la nacional como la imperialista: ambas tienen intereses convergentes en crear ilusiones o mitos sociales). En lugar de un ataque abstracto al colonialismo interno, a los elementos feudales parciales o globales y al imperialismo, convenía darle énfasis a la descolonización que no se realiza—ni puede realizarse— dentro del capitalismo neocolonial y del capitalismo dependiente. He aquí el quid de la cuestión. Llevar la descolonización hasta sus últimas consecuencias es una bandera de lucha análoga a la revolución nacional y a la revolución democrática —y esa reivindicación debería hacerse en términos socialistas, aunque con vistas a la “aceleración de la revolución burguesa”. Parece evidente que la descolonización no puede ser contenida en esos límites y que, en la acción práctica, en lugar de acelerar la revolución burguesa, fomenta la “desestabilización” y la evolución de situaciones revolucionarias hasta puntos críticos. A pesar de todo, en la periferia el socialismo cumple la función de calibrar los dinamismos revolucionarios del orden existente por los problemas y dilemas sociales que las burguesías no intentaron enfrentar y resolver, por no ser de su interés de clase en las formas de desarrollo capitalista inherentes al semicolonialismo y a la dependencia.

terça-feira, 13 de janeiro de 2009

5 ª Parte - REFLEXIONES SOBRE LAS REVOLUCIONES INTERRUMPIDAS1


, por Florestan Fernandes

Tenemos que enterrar el lugar común en cuestión y orientar el pensamiento sociológico ontestatario en la dirección opuesta, la única que puede ayudar a “los de abajo” a tomar conciencia de las situaciones revolucionarias emergentes y a luchar por la profundización de la revolución dentro del orden, o contra él.


Esta introducción podrá parecer impertinente, o cuando menos excesiva para las proporciones del trabajo. No es ese mi pensamiento. En el fondo, no tenemos cuatro subtemas sino cuatro problemáticas que se unen en el arco implícito de revolución /contrarrevolución de las clases burguesas y estabilización represiva / revolución de las clases trabajadoras. Lo esencial, cuando se piensa en la reflexión política del lector, es que ese arco se haga evidente y dirija su propio curso de imaginación política contestataria. Lo que yo pueda decir es secundario frente a lo que el lector pueda representarse por su cuenta y riesgo. Sin pretender condicionar esa colaboración creadora, he sentido la necesidad de marcar bien las líneas negativas de tradiciones culturales y sofocantes que, a pesar de ello, pasan por “científi cas” y “estimulantes”. Mi deseo íntimo es que el lector me supere, o por lo menos disponga de una base sólida para compartir mi convicción de que todas esas tradiciones deben ser enterradas, junto con el patrón histórico de las “revoluciones interrumpidas”. Poco importa que el texto subsiguiente no llegue más allá de lo que debería ser hecho. Mucho más importa saber que las alternancias de “conciliación” y “reforma” traducen el confl icto crónico tanto del capitalismo neocolonial como del capitalismo dependiente. Para destruir ese confl icto es necesario acabar con la conciliación y con la reforma como “algo que viene impuesto desde arriba” y “sólo permanece arriba”.