BLOQUE ZONA LIVRE em Construção

BLOQUE ZONA LIVRE em Construção

terça-feira, 28 de abril de 2009

14º Reflexiones Sobre las Revoluciones Interrompidas

, por Florestan Fernandes

A esa “oportunidad histórica” de las clases burguesas le corresponde (y no podría dejar de corresponderle), una oportunidad histórica de las clases trabajadoras (incluso de sus sectores desposeídos más marginados). La “revolución burguesa atrasada” provocará —quiéranlo o no las elites económicas, políticas y militares de las clases burguesas— un ensanchamiento del espacio histórico de las clases trabajadoras y tendrá que abrir un espacio político creciente, por lo menos para el arbitraje de divergencias entre el capital y el trabajo y para la maduración de “movimientos radicales tolerados” (en realidad, estimulados como alternativas para desplazar a los jóvenes de los confl ictos ideológicos y a los obreros de la lucha de clases). Por este camino se delinea una situación histórica que tiene puntos de contacto con las viejas sociedades industriales europeas. Los proletarios y los trabajadores del campo podrán tener un acceso cada vez mayor al uso libre de medios de organización que son típicos del trabajo libre. Por lo tanto, el surgimiento y la maduración de la clase en sí y el desarrollo independiente de la clase en sí constituyen una realidad histórica ineludible. No se sabe a dónde nos llevará esto, pues bajo el desarrollo capitalista autosostenido (y con una base móvil de riqueza, robada a las colonias de varios tipos) las clases burguesas disponían de un espacio histórico y político para modifi car sus relaciones con el movimiento obrero, sindical y socialista. Por otro lado, es imposible anticipar el comportamiento colectivo de las clases trabajadoras, cómo van a reaccionar al condicionamiento psicológico en la industria y fuera de ella. Por eso, es imposible evaluar cómo se relacionará el movimiento proletario en América Latina con los cambios sociales progresivos en marcha, unos de tipo capitalista, otros de naturaleza socialista. El inmenso esfuerzo de cooptación externa, a través de sindicatos, partidos y órganos de comunicación masiva, podrá o no producir los resultados esperados. Por otro lado, la formación de una aristocracia obrera podrá o no provocar efectos equivalentes al servilismo sindical. En realidad, lo esencial es que éste es un momento de opción histórica para las clases trabajadoras y para sus grupos o movimientos de vanguardia. La oportunidad que han tenido los estamentos señoriales o privilegiados en las luchas contra la dominación metropolitana y por la Independencia comienza a confi gurarse para los de abajo. Ellos podrán entrar en las corrientes históricas de defensa del capitalismo, engrosando las fi las de la contrarrevolución abierta o disimulada. Pero también podrán avanzar directamente en la dirección de las corrientes históricas de nuestra época, que llevan al socialismo y a un nuevo patrón de civilización.

Dadas las proporciones de la masa de desheredados y el carácter concentrador de la riqueza y de la participación cultural que el capitalismo monopolista está asumiendo en la periferia (por supuesto que la intensidad aterradora de la concentración por el momento es circunstancial, pero también es previsible que el capitalismo monopolista dependiente necesitará mucho tiempo para diluir la tendencia a la hiperconcentración), lo que se puede imaginar es que las clases burguesas enfrentan difi cultades insuperables. Ellas no pueden repartir la torta entre el centro y la periferia y, dentro de la periferia, entre apetitos tan diversos, y aún contar con alternativas para superar históricamente el dilema económico del capitalismo en América Latina. Es decir, el carácter de eslabones débiles no sólo se preserva, sino que se fortalece. El desarrollo desigual y combinado podrá manifestarse dentro de un juego de apariencias ilusorio. A pesar de ello, los “polos insatisfechos” tenderán a salirse del camino y buscarán su propia trayectoria. Quienes buscan el consenso por la cooptación y por la falsifi cación de la realidad acabarán enfrentándose a la realidad cruda: una era de lucha de clases, que pondrá a la violencia organizada al servicio de las clases trabajadoras del campo y de las ciudades. Aunque esa era, al principio, pueda ser compatibilizada con la “reforma del capitalismo” (como ya sucedió antes, bajo revoluciones burguesas “clásicas”), a mediano o a largo plazo ella tendrá que saltar por sobre sus ejes menores, volverse anticapitalista primero y socialista después.

quarta-feira, 15 de abril de 2009

PALABRA ZAPATISTA - De elefantes, hormigas y revoluciones



A Proceso, La Jornada, El Financiero, Tiempo:

Señores:

Van comunicados sobre "financiamientos extranjeros" y nuevo comisionado para la paz. Además, completamente gratis, un prólogo coleccionable para ediciones marginales y piratas de los comunicados. De nada, no hay por qué darlas... todavía.

Me enternecen hasta las lágrimas las denuncias de los autodenominados diputados del (¿alguien lo duda?) PRI, Ramón Mota y Cuauhtémoc Sánchez. Que alguien me haga el favor de informarle a esos señores que si hubiéramos tenido financiamiento extranjero nosotros estaríamos designando al comisionado de paz; los señores Ramón Mota y Cuauhtémoc Sánchez estarían presos y siendo juzgados por ilegítimos y por fraude y malversación de fondos; el diálogo de San Cristóbal se hubiera dado en el Ajusco y estaríamos discutiendo, ahora, la posibilidad de darle al "Revolucionario Institucional'' el reconocimiento de "fuerza política en formación". Finalmente, hubiera sido más original culparnos por "crear el clima propicio" para la "Batalla del Angel" y para facilitar los penaltis (¿así se escribe?).

Vale, salud y un antiácido para la cruda por el exceso de búlgaros.

Desde las montañas del sureste mexicano

Subcomandante insurgente Marcos

P.D. que guarda los banderines hasta dentro de cuatro años. Yo hubiera metido a Hugo. La culpa no la tiene Miguel, al que hay que reclamarle es a Emilio ("el que paga manda"). Lo de Maradona fue un crimen. A ver cuándo le toca su primero de enero a la FIFA.

P.D. que hace una moción a la mesa; la mesa pregunta si es moción de orden o de procedimiento. La P.D. aclara que en realidad es una moción a la moción; la mesa abre un debate para ver si procede. 17 horas después la P.D. toma por asalto el micrófono, sacude su melena alborotada, envuelve a la asamblea con la luz de su mirada y dice así, con entonado acento: "el consenso es la garantía que tiene la minoría de poder imponer su voluntad a la mayoría".

P.D. que, iluminada por la luz de la hoguera, explica que hay que hacer una revolución y cuenta un cuento para niños disfrazados de adultos y para adultos disfrazados de niños. El cuento se llama:

De elefantes, hormigas y revoluciones.

Decía Julio Cortázar que decía Marcel Duchamp que los elefantes son contagiosos, y decía Julio que él agregaría que las revoluciones también son contagiosas.

Y las hormigas, Julio. Basta ir a mi cuartel donde, con paciencia y dedicación, se han instalado en las paredes, el suelo y hasta en el techo. Eso sí, faltará el alimento, pero hormigas tenemos para rato o, más bien, ellas nos tienen a nosotros, y la convivencia pacífica es nuestra garantía de supervivencia. Los elefantes, está claro, confirman una vez más que la naturaleza imita al arte y esa pesada asimetría lo reconcilia a uno consigo mismo.

Pienso que la historia habrá de hacerles justicia algún día a los elefantes, sobre todo si son de color violeta y la trompa verde. Este ser noble y modesto mucho tiene de símil con la hormiga, por más que sus relaciones sean, como las llamarían los "brillantes" politicólogos, de guerra fría (que en nuestra América está ya en punto de ebullición). ¿Ves cómo tengo razón? Apenas está uno hablando de elefantes y hormigas y ya tocan a la puerta los servicios de inteligencia made in Fort Gullick, cosa que al elefante lo deja imperturbable y de la hormiga ni hablamos, bastante trabajo tiene con el azúcar que derramé al servirme el café.

Bueno, pero trataba de decir que las hormigas y los elefantes tienen sospechosas similitudes. Por ejemplo, los elefantes les gustan a los niños, pero es de notar que los dueños de circos y zoológicos no comparten ese entusiasmo cada vez más acallado por grupos "musicales" y etcéteras vestidos con modas galácticas (o eso creen), porque si no, no me puedo explicar cómo obligan a los paquidermos a viajar en esos camiones tan incómodos y oscuros. En fin, los elefantes son seres incomprendidos y también las hormigas. Por ejemplo, el otro día un sanitario me ha soltado un largo discurso sobre lo antihigiénicas que son las hormigas y las bondades que nos traería acabar con ellas.

No lo creo. Además de la simpatía que me provocan, acabarían venciendo en esa pequeña guerra que nos iría agotando mientras ellas crecen. Todos los cursos de contrainsurgencia y todas las maniobras militares no bastarían para siquiera intimidarlas. Son más y conocen mejor el terreno. Yo estoy por una alianza o, por lo menos, un pacto de no agresión, de convivencia pacífica. Esto último creo que ha dado resultado. El cuartel tiene sus horarios. En la intendencia, por ejemplo, hay horas para que hombres y mujeres deambulen neciamente en ese lugar y horas para que las hormigas busquen alimento o se paseen en las piedras porque afuera está el calor o la lluvia. En fin, en estos pocos días hemos sido felices. Admito que tratándose de elefantes el problema crecería desmesuradamente, pero creo que terminaremos arreglándonos. Sí, sí, ya sé que los sanitarios, iracundos, se disponen a escribir sendas cartas hablando de la cantidad de microbios que las hormigas acarrean, y ni hablar de los elefantes, pero creo que me doy a entender. Las revoluciones también son antihigiénicas... para el neoliberalismo. Sobre todo porque son contagiosas (como los elefantes y las hormigas). Y así como hay que aprender a amar a las hormigas y los elefantes, hay que aprender a amar y hacer las revoluciones.

Volviendo a la relación entre las hormigas y los elefantes, a mí no me convence esa aparente indiferencia que asumen una al paso del otro. Sospecho una secreta alianza en ese ignorarse mutuamente. Tal vez se ayudan sin saberlo nosotros; tal vez tras las grandes orejas se esconden las hormigas por millones, recuperan fuerzas, conspiran y preparan el contraataque cuando alguna campaña higiénica las ha obligado a un repliegue táctico; tal vez las hormigas construyen bajo tierra inmensas galerías para resguardar a los elefantes cuando los niños terminen por olvidarlos y queden en las perversas manos de los dueños de los circos. ¿A dónde irían si no bajo tierra a esconderse? ¿Dónde podrían rehacer sus fuerzas sin que fuertes cazadores armados con napalm los encontraran? Quién dice que no, a lo mejor...

Por ejemplo, cuando veo un elefante, en las afueras de un circo o en un zoológico, se me contagia casi inmediatamente y sé que me miran con secreta complicidad, dándome a entender que se preparan para rebelarse. Seguro es que las jaulas no ni tampoco las cadenas que los atan. Las romperán un día e irán felices a retozar, por fin, en los jardines y a comer todo el algodón de azúcar que quieran (todo elefante que se respete enloquece de gusto con el algodón de azúcar y con retozar en los jardines y mejor si tienen una fuente).

Por esto, y por otras cosas, hay que hacer una revolución...

PALABRA ZAPATISTA - La historia de Durito


10 de abril de 1994.

Subcomandanta Mariana Moguel:

La saludo con respeto y la felicito por el nuevo grado que adquirió con su dibujo. Permítame contarle una historia que, tal vez, algún día entenderá. Es la historia de...

DURITO

Te voy a platicar una historia que me pasó el otro día. Es la historia de un pequeño escarabajo que usa lentes y fuma pipa. Lo conocí un día que estaba buscando el tabaco para fumar y no lo encontraba. De pronto, a un lado de mi hamaca vi que estaba caído un poco de tabaco y que se formaba una hilerita. La fui siguiendo para ver dónde estaba mi tabaco y averiguar quién carajos lo había agarrado y lo estaba tirando. A unos cuantos metros y detrás de una piedra me encontré a un escarabajo sentado en un pequeño escritorio, leyendo unos papeles y fumando en una pipa diminuta.

-Ejem, ejem -dije yo para que el escarabajo se percatara de mi presencia, pero no me hizo caso.

Entonces le dije:

-Oiga, ese tabaco es mío.

El , escarabajo se quitó los lentes, me miró de arriba a abajo y me dijo muy enojado:

-Por favor, capitán, le suplico que no me interrumpa. ¿Qué no se da cuenta de que estoy estudiando?

Yo me sorprendí un poco y le iba a dar una patada, pero me calmé y me senté a un lado para esperar a que terminara de estudiar. Al poco rato recogió sus papeles, los guardó en el escritorio y, mordisqueando su pipa, me dijo:

-Bueno, ahora sí. ¿En qué puedo servirle, capitán?

-Mi tabaco -le respondí.

-¿Su tabaco? -me dijo-. ¿Quiere que le dé un poco?

Yo me empecé a encabronar, pero el pequeño escarabajo me alcanzó con su patita la bolsa de tabaco y agregó:

-No se enoje, capitán. Comprenda que aquí no se puede conseguir tabaco y tuve que tomar un poco del suyo.

Yo me tranquilicé. El escarabajo me caía bien y le dije:

-No se preocupe. Por ahí tengo más.

-Mmh -contestó.

-Y usted, ¿cómo se llama? -le pregunté.

-Nabucodonosor -dijo, y continuó- pero mis amigos me dicen Durito. Usted puede decirme Durito, capitán.

Yo le agradecí la atención y le pregunté qué era lo que estaba estudiando.

-Estudio sobre el neoliberalismo y su estrategia de dominación para América Latina -me contestó.

-Y eso de qué le sirve a un escarabajo -le pregunté.

Y él me respondió muy enojado: "Cómo que de qué? Tengo que saber cuánto tiempo va a durar la lucha de ustedes y si van a ganar o no. Además, un escarabajo debe preocuparse por estudiar la situación del mundo en el que vive, ¿no le parece capitán?"

-No sé -le dije-. Pero ¿para qué quiere saber usted cuánto tiempo va a durar nuestra lucha y si vamos a ganar o no?

-Bueno, no se ha entendido nada -me dijo poniéndose las gafas y encendiendo su pipa. Después de echar una bocanada de humo continuó:

-Para saber cuánto tiempo nos vamos a estar cuidando los escarabajos de que no nos vayan a aplastar con sus bototas.

-¡Ah! -dije

-Mmh -dijo él

-¿Y a qué conclusión ha llegado usted en su estudio? -le pregunté.

Él sacó sus papeles del escritorio y los empezó a hojear.

-Mmh... mmh -decía a cada rato mientras los revisaba.

Después que acabó de hacerlo, me miró a los ojos y me dijo:

-Van a ganar.

-Eso ya lo sabía -le dije. Y agregué: -Pero ¿cuánto tiempo va a tardar?

-Mucho -me dijo suspirando con resignación.

-Eso también ya lo sabía... ¿No sabe cuánto tiempo exactamente? -pregunté.

-No se puede saber con exactitud. Hay que tomar en cuenta muchas cosas: las condiciones objetivas, la madurez de las condiciones subjetivas, la correlación de fuerzas, la crisis del imperialismo, la crisis del socialismo, etcétera, etcétera.

-Mmh -dije yo.

-¿En qué piensa, capitán?

-En nada -le contesté-. Bueno señor Durito, tengo que retirarme. Tuve mucho gusto en conocerle. Sepa usted que puede tomar todo el tabaco que guste cuando quiera.

-Gracias capitán. Puedes tutearme si quieres -me dijo.

-Gracias Durito. Ahora voy a dar orden a mis compañeros de que está prohibido pisar a los escarabajos. Espero que eso ayude.

-Gracias, capitán, nos será de mucha utilidad tu orden.

-Como quiera que sea, cuídese mucho porque mis muchachos son muy distraídos y no siempre se fijan dónde ponen el pie.

-Así lo haré, capitán.

-Hasta luego.

-Hasta luego. Ven cuando quieras y platicaremos.

-Así lo haré -dije, y me retiré hacia la intendencia.

Es todo Mariana, espero conocerla personalmente algún día y poder intercambiar pasamontañas y dibujos. Vale.

Salud y otros colorines, porque con los que usaste seguro se acabó la tinta.

Supcomandante insurgente Marcos

Montañas del sureste mexicano.

quinta-feira, 9 de abril de 2009

13º - Reflexiones Sobre la Revioluciones Interrumpidas


, por Florestan Fernandes

Desde esa perspectiva, la cuestión de los límites de la transformación capitalista se vuelve esencial. Al contrario de lo que muchos piensan, las clases burguesas avanzan en dos direcciones simultáneas, no se han detenido: aceleraron el desarrollo capitalista de modo unilateral, tratando de “quemar etapas” como puedan y sin arriesgarse; buscaron una articulación más fl exible y efi caz entre el “capital interno”, el “capital externo” y la actuación del Estado. El primer punto merece seria atención. No es probable que los riesgos potenciales crecientes de la modernización tecnológica, de la industrialización masiva y de la excesiva concentración de los “polos dinámicos” no hayan sido tenidos en cuenta. Los avances en esa dirección sólo quieren decir una cosa: las clases burguesas están preparadas para enfrentar, de manera escalonada, tales riesgos, y están trabajando con ellos de la misma forma “articulada” y según los “dictámenes de la cooperación internacional”: la modernización institucional fue desplazada hacia esa área y ya se puede percibir cuáles son las tendencias de su crecimiento, ya sea en los sindicatos, en las universidades y escuelas superiores, en los programas de “mejora de la calidad de vida” y de “planifi cación comunitaria”, o en la actuación de los partidos del centro y de los sectores conservadores de la Iglesia católica. Dos fenómenos concomitantes pueden favorecer inmediatamente esas tendencias: la formación de una pequeña burguesía laboriosa en la cresta del trabajo industrial califi cado y los efectos directos o indirectos de la tecnología de capital intensivo. El segundo punto ha sido observado de manera muy superfi cial en las esferas del pensamiento crítico, teórico o activista. Muchos dan por sentado que el confl icto sectorial de intereses o el antagonismo básico entre el “capital nacional” y el “capital extranjero” impiden una acción coordinada de las clases burguesas. Y es generalizada la propensión a tomar en serio las reclamaciones de algunos estratos de la burguesía con respecto al “gigantismo” económico estatal. Es necesario poner las cosas “en su lugar”, en términos de la situación total. Desde ese ángulo, se percibe que existen dos movimientos simultáneos y convergentes del capital: uno que proviene de las multinacionales y de las naciones capitalistas hegemónicas y se dirige hacia los países huéspedes clave, otro que sale de estos países y va en sentido opuesto. Éste constituye un movimiento histórico, y si no crece y se consolida, el capitalismo se desintegrará con mayor rapidez.

Por lo tanto, la articulación y la cooperación ordenada de acuerdo con planes no son esporádicas, sino que forman parte de la naturaleza íntima del capital monopolista en la fase actual. En consecuencia, el Estado y la Nación no pierden su particularidad y su efi cacia para las clases burguesas. Pero ambos son colocados dentro de la estrategia global de la lucha contra el socialismo y de la necesidad de crecimiento continuo. ¿Qué representa esto para la periferia, particularmente para las naciones capitalistas neocoloniales y dependientes de América Latina? Probablemente que la seguridad en bruto deberá, a mediano plazo, ser reemplazada por seguridad consensuada, obtenida, si fuera preciso, sobre la base de la cooptación generalizada de ciertos segmentos de las clases medias y del proletariado. Las funciones legitimadoras del Estado capitalista deberán crecer, pero ese proceso nuevamente se volverá contra los intereses de esas naciones y de sus mayorías pobres. Habrá abundancia de televisores para suavizar los sacrificios y se recurrirá ampliam visible en la “calidad de vida”. Sin embargo, a juzgar por los Estados Unidos, nos aguarda un período terrible y angustiante (si no se intenta —o si se intenta sin éxito— revertir las tendencias históricas del capitalismo monopolista imperializado de las naciones capitalistas estratégicas de la periferia).

sexta-feira, 3 de abril de 2009

Passagens da Guerra Revolucionária - Altos de Conrado

, por Cmte. Che Guevara

Os dias seguintes do combate de Mar Verde foram de febril atividades, oconvencimento de que ainda nossas forças não tinham a capacidade combativa suficiente e para organizar lutas contínuas ou cercos eficazes, nem para resistir ataques frontais, fazia que se extremassem as precauções no Vale de El Hombrito.

Quatro ou cinco dias depois do encontro de Mar Verde, se deu a ordem de alarme de combate, avançavam as tropas de Sánchez Mosquera pelo caminho lógico, e que vai diretamente de Santa Ana a el Hombrito. Avisou-se imediatamente às emboscadas e se checaram as minas. Estas primeiras minas fabricadas por nós tinham uma rudimentar espoleta feita com uma mola e um prego que, ao liberar-se, impelido pela mola golpeava o detonador, porém, não tinham funcionado na emboscada de Mar Verde, e esta vez, também pouco funcionaram.

Retiramo-nos lentamente pelo caminho que vai na direçao de altos de Conrado. O lugar era magnífico para fazer uma emboscada, ali somente podia-se chegar por três estreitas sendas ondulantes pelos firmes das colinas, muito arborizados e, portanto, muito fáceis de defender, todo o resto está definido por rochedos abruptos e por ladeiras igualmente abruptas, sumamente difíceis de escalar.

Num lugar onde há uma pequena furna, o caminho se abre. Ali preparavam as condições para resistir o ataque das forças de Sánchez Mosquera. E também desde o primeiro dia, no fogão da casa, colocamos duas bombas com seus estopins, a armadilha era muito simples se nos retirávamos provavelmente eles ficariam na casa e usariam o fogão. No meio das cinzas, cobertas totalmente por elas, estavam as duas bombas, calculávamos que o calor do fogo ou alguma brasa que se pusesse em contato com os estopins, as faria estourar fazendo uma boa quantidade de baixas, mas, naturalmente, esse era o recurso posterior, primeiro havia que lutar nos Altos de Conrado.

Ali estivemos pacientemente esperando, durante três dias, fazendo guardas constantes as 24 horas. As noites eram muito frias e úmidas a aquelas alturase naquela épocado ano, realmente, nem tínhamos a preparaçao necessária nem o hábito de passar toda a noite em posiçao de combate à intempérie.

Meu posto estava a uns vinte metros em uma posição oblíqua, atrás de um tronco que me protegia a metade do corpo e apontando diretamente à entrada da estrada onde vinham os soldados. Alguns companheiros e eu não podíamos olhar no primeiro momento, pois estávamos num lugar descampado e seríamos visiveis; deviámos esperar que Camilo abrisse fogo.entrevendo, contra a ordem que eu mesmo tinha dado, pude apreciar esse momento tenso antes do combate em que o primeiro o primeiro soldado apareceu olhando desconfiado a um e outro lado e foi avançando lentamente. De verdade, tudo ali cheirava a emboscada, era um espetáculo estranho a paisagem, o espaço descampado com um pequeno manacial corria constantemente, no meio da exuberância da floresta que nos rodeava. Escondi a cabeça esperando o começo do combate; soou um disparo e em seguida se geralizou o fogo. Depois inteirei-me que nao tinha sido Camilo o que disparou; Ibrhim, nervoso pela espera, disparou antes do tempo e em poucos instantes tinha-se generalizado o tiroteio, embora, na realidade de cada posto de observação se podia ver muito pouco. Nossos tiros isolados com pretensões de levar a morte em cada um e os disparos da soldadesca, dilapidados em longas rajadas, “juntavam-se, mas não se misturavam“, reconhecendo-se num e outro ruído a identidade de quem os fazia. Aos poucos minutos, cinco ou seis, se sentiu sobre nossas cabeças os primeiros assovios de morteirosou bazucas que disparavam os soldados, mas que passavam de longe.

De repente senti a desgradável sensação, um pouco como de queimadura ou da carne dormente, sinal de um balaço no pé esquerdo que não estava protegido pelo tronco. Acabava de disparar com meu fuzil, simultaneamente com a ferida ouvi o estrépito de pessoas que avançavam rapidamente sobre mim, partindo ramas, como a passo de carga. O Fuzil não me servia, pois acabava de disparar, a pistola, ao estar estirado no chão tinha caído, ficando debaixo do corpo e nao podia levantar-me porque estava diretamente exposto ao fogo do inimigo. Revolvendo como pude, com desesperada celeridade, cheguei a empunhar a pistola no mesmo momento em que aparecia um dos nossos combatentes de nome Cantinflas. Sobre a angústia passada e a dor da ferida, interpunha-se de repente o pobre Cantinflas, dizendo-me que se retirava porque seu fuzil estava encasquilhado. O tomei violentamente das mãos enquanto se agachava a meu lado e examinei seu Garand, somente tinha o clipe levemente de lado e isso tinha entravado. Eu o compus com um diagnóstico que cortava como uma navalha: “você o que é um cafageste”, Cantinflas, Oñate de sobrenome, o fuzil e incorporou-se, deixando o refúgio do tronco, para esvaziar seu pente de Garand em demonstração de coragem. Porém, não pôde fazê-lo completo porque uma bala pentrou-lhe pelo braço esquerdo saindo pela omoplata, depois de cobrir uma ciriosa trajetória. Já éramos dois feridos no mesmo lugar e era difícil retirar-nos sob o fogo, tínhamos que deslizar sobre os troncos da tumba e depois caminhar debaixo deles, feridos como estávamos e sem saber do resto das pessoas. Pouco a pouco o fizemos, mas Cantinflas ia desmaiando e eu, que apesar da dor, podia mover-me melhor, cheguei até onde estavam os demais para pedir ajuda.

Se sabia que tinha alguns mortos entre os soldados, embora nao o número exato. Depois de resgatados os feridos (nós dois)nos fomos afastando até a casa de Polo Torres, dois ou três quilometros Maestra abaixo. Depois de passado o primeiro momento de euforia e a emoção do combate, a dor cada vez era mais intensa impedindo-me de caminhar.

O tiroteio tinha já cessado e nós supusemos que já tinham tomado os Altos de Conrado. Estabelecemos os postos para detê-los na beira de um pequeno arroio no lugar batizado por nós com o nome de Pata de la Mesa, enquanto organizávamos a retirada dos camponeses com suas famílias e enviávamos a Fidel uma comprida carta explicando os fatos.